Ayer, iba conduciendo dirección a casa, tranquilamente y despacio, de esas pocas veces. Un águila, o al menos era de su especie, planeaba muy bajito, a mi misma velocidad, fantástico verle tan cerca, noté su libertad de pájaro, y con un gran estilo se lanzó en vuelo raso hasta el asfalto donde debió ver algún ratón o culebra.
No sé si acertó en esa ocasión en su caza, pero no dejó de hacerlo en libertad, la misma que la del otro bicho que quizá se le escapara.
Yo sólo era libre de pensar, y por el hecho de hacerlo, ya estaba atrapado en mi pensamiento, porque los animales no se plantean la libertad, a no ser que la mano del hombre se meta entre medias y les mostremos lo que significa, cautividad.
Se quiera o no, uno se pone siempre las cadenas que no permiten ejercerla por una educación de control basada en el miedo. El cerebro de los animales está diseñado para la supervivencia y no tienen ese problema, respetan por inercia la naturaleza, por muy cruel que esta sea.
Somos muy dados a poseer, y eso hace que otros no tengan, o a la vez sean poseídos, así que, la “libertad” en nosotros tiene unas connotaciones inventadas a la fuerza por la falta de respeto, y al mismo tiempo nos tuvimos que inventar tal palabra, con su antónimo preciso.
En un rato, cuando vuelva a pasar por la zona, lo haré despacio también, a ver si vuelvo a ver a ese, o a otro águila, por darme el placer de envidiar su "libertad", ya que soy incapaz de practicarla, olvidarme de la palabra y cuando le vea planear, intentar pensar más en la de; armonía.
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