Absorto, con la mirada perdida en el infinito clavada en los destellos del sol tras la ventana, quemando mi vista cuando cierro los ojos.
No pasa nada. A veces noto la calma mientras mi celuloide no deja de emitir imágenes inexistenetes que reconfortan mi mundo particular para superar mi mundo real. Sigo clavado en la luz del vacío.
A veces, cuando respiro logro darme cuenta de ello. Respirar, conscientemente, nada más.
A veces todo es suficiente pero nunca demasiado.
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